QUIEN CONTROLA MI LENGUA?

Dios ha puesto en nuestra boca la autoridad para desatar vida o para traer muerte, para bendecir o para maldecir; nuestras palabras o edifican o derriban, animan o desalientan. Nuestras palabras se convierten en una profecía; son el camino que la persona traza, sobre el cual tanto ella como su familia tendrán que andar, y si expresa alguna palabra negativa, a través de ella ha trazado la ruta del destino de su familia o de sus generaciones.
Dios nos dio el gran privilegio de cambiar todas las circunstancias adversas en un fértil terreno de bendición a través de nuestras palabras. Con ellas podemos desmontar el tobogán que nos llevaba a las profundidades del infierno y construir la escalera que nos llevará a la gloria eterna.
Salomón dijo: “Te has enlazado en los dichos de tu boca, has quedado preso en lo que tú has dicho con tus labios” (Proverbios 6:2). Conforme a sus palabras acontecerá con su vida.
Algo que muchos no han entendido es la importancia de bendecir; la palabra “bendecir” significa “decir bien”.“Beraca” es un vocablo hebreo que significa “desear el bien a otra persona”. Con nuestras palabras podemos elogiar, halagar y motivar. Esto es más beneficioso que regañar, criticar, avergonzar y maldecir.
Determine desde hoy hablar palabras de bendición, que su lengua declaré constantemente las promesas de Dios para su vida y para las personas que le rodean.